La memoria de nuestro amor

Por: Identitas

Muchas dificultades y crisis en el matrimonio provienen del desconocimiento de quiénes somos. Para amar de verdad es necesario conocerse a sí mismo, y conocer a la otra persona, sus fortalezas y debilidades. Se trata, en definitiva, de aplicar la inteligencia para amar mejor.

Conocerse

Lo primero es conocernos, conocer la verdad de nosotros mismos. Si no nos conocemos no podemos mejorar. Conocer nuestro cuerpo, carácter, inteligencia, libertad, para poder ser dueños de nosotros mismos, poniendo nuestras cualidades al servicio de quien más queremos. Descubrir lo que se puede aportar significa ponerse realmente a trabajar, para conseguir aquello que necesitamos para crecer en el amor, es desterrar ser mediocre o conformarse con “ya está bien así”.

El descubrimiento de la verdad nos hace más libres, y así podemos amar mejor.

En ocasiones, nuestra propia afectividad, nos impide pensar, no recordamos que en otras ocasiones similares hemos hecho daño. Cuando estamos enfadados con la otra persona, reaccionamos en caliente, sin pensar, hiriendo con nuestras palabras y acciones. Conocer y recordar nuestras limitaciones es clave para la vida de amor porque, en realidad, nos relacionamos con nuestras imperfecciones y, desconocerlas, supone obligar a la otra parte a que haga un sobre esfuerzo para comprender.

En este conocimiento de quienes somos tienen especial relevancia las operaciones mentales que ejercitamos a lo largo de nuestra vida: Atención, memoria, imaginación o creatividad son algunas de ellas, imprescindibles para que crezca el amor.

La memoria de nuestro amor

Un error frecuente entre las parejas que se quieren es el olvido de fechas importantes, como cumpleaños o aniversarios, no por mala voluntad o falta de amor, sino por dejarnos llevar por la vorágine de la vida. El año pasado un compañero de trabajo olvidó -nada menos- que era su 10º aniversario de boda porque estuvo esa semana muy centrado en un proyecto de trabajo que tenía que entregar en esa fecha. Había olvidado completamente ese día tan importante para él y para su mujer, que no recibió ni siquiera una caja de bombones.

Tenemos una identidad que se nutre de todo aquello que aprendemos, lo que hemos vivido y todo lo que recordamos, de manera que la memoria constituye un recurso fundamental en la vida y nos hace inteligentes.

Conocer el mecanismo de la memoria, y saber que se puede ejercitar, es poner medios eficaces para que esto no suceda. Nuestro cerebro tiene una plasticidad que le permite cambiar continuamente, reorganizándose a nivel funcional y estructural en muy poco tiempo. Todos podemos mejorar nuestra memoria y, ejercitándola, aprender a amar mejor durante toda la vida.

Por ejemplo, emplear una agenda para recordar fechas importantes es una herramienta eficaz. También mirar con frecuencia el anillo que llevamos desde el día de la boda y recordar ese momento, o revisar las fotos de tantos momentos felices juntos. Todo eso refuerza nuestra memoria y nos hace crecer en el amor.

Cuanto más pensamos un asunto, mejor permanece en la memoria. Repasar acontecimientos importantes hace que se mantengan vivos, así como el sentimiento que generaron en su momento. Hacerlos juntos es mejorar nuestro vínculo y crear nuevos recuerdos felices, que nos ayudarán a enfrentarnos mejor con las dificultades.

La memoria, en definitiva, nos ayuda a recordar vivencias conjuntas del pasado, a descubrir lo que somos capaces de hacer, las dificultades que hemos superado y las alegrías que hemos tenido, viviendo de manera nueva todos esos recuerdos y ayudándonos a proyectar un futuro juntos.

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