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Un plan exigente de entrega

Dedicar tiempo a los demás, especialmente a quien más lo necesita por sus circunstancias de soledad, de salud, de edad, etc. es un ejercicio que, además de hacer felices a los que nos rodean, aporta enormes beneficios personales. En el caso de los adolescentes, sepultados en un mundo autorreferencial, en el que ellos son el centro de la galaxia, constituye casi una necesidad que los padres y educadores no pueden obviar. 

Ayudarles a madurar

La práctica totalidad de las personas aprenden a ser padres con el modelo que han tenido. Y aunque hayamos pensado muchas veces que no ha sido el adecuado, lo repetimos, sin darnos cuenta. Es por eso que necesitamos leer, formarnos, y hablar mucho los dos sobre nuestra familia y el modelo parental que estamos desarrollando. Sin ningún miedo, porque es probable que nos reconozcamos en algunas cosas o en muchas que no nos gustan, pero ahí está la posibilidad de cambio y eso es maravilloso.

Cómo establecer rutinas en el sueño de tu hijo

Podríamos decir que el sueño forma parte de esas rutinas que los niños necesitan como base para desarrollarse de manera armónica en todas las facetas de la persona: física, emocional y social. Las rutinas en los niños son fundamentales, ya que les aportan seguridad y estabilidad.

Compartir las tareas del hogar

Los comportamientos disruptivos en los adolescentes suelen responder a situaciones en las que el chico o la chica buscan desesperadamente, aunque no lo parezca -y se nieguen a reconocerlo- ayuda urgente. En tantas ocasiones las llamadas de auxilio -como en el síndrome del que se ahoga- pueden confundirse con los desesperados manotazos que propina el ahogando al que se lanza al agua a salvarle. Al final, pueden acabar por percibirse más las segundas que las primeras.

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Los comportamientos disruptivos en los adolescentes suelen responder a situaciones en las que el chico o la chica buscan desesperadamente, aunque no lo parezca -y se nieguen a reconocerlo- ayuda urgente. En tantas ocasiones las llamadas de auxilio -como en el síndrome del que se ahoga- pueden confundirse con los desesperados manotazos que propina el ahogando al que se lanza al agua a salvarle. Al final, pueden acabar por percibirse más las segundas que las primeras.

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