Déficit de naturaleza

Por: Identitas

Es un hecho que los niños de hoy en día, especialmente los que viven en las grandes ciudades, tienen menos contacto con la naturaleza. Vivimos con horarios muy marcados, sin apenas espacios de ocio donde podamos disfrutar de un tiempo de parque o respirando aire fresco en el campo. Muchos estudios realizados en los últimos años confirman que el contacto con la naturaleza, refiriéndonos a cualquier espacio abierto que tenga vegetación y, en ocasiones. fauna, ayuda al desarrollo motor, sensitivo, psicológico e intelectual, así como a prevenir enfermedades, como la obesidad y la miopía.

Fue en 2005, cuando Richard Louv sugirió el término “síndrome de déficit por naturaleza”; la expresión se refiere a la hipótesis de que los seres humanos, especialmente los niños, pasan cada vez menos tiempo fuera, al aire libre, jugando en la calle, dando lugar a muchos problemas conductuales, además de otros efectos también perceptibles.

Parece estar demostrado que los niños que están familiarizados con la naturaleza presentan menor estrés psicológico, tienen un mayor desarrollo del movimiento y de la atención.

Stephen R. Kellert, desde un campo aparentemente tan distante de la educación como es la arquitectura, examinó la interconexión fundamental entre las personas y la naturaleza y cómo la pérdida de esta conexión da como resultado una calidad de vida disminuida. La buena noticia es que consideró nuestra relación fracturada con la naturaleza como un problema de diseño en lugar de un aspecto inevitable de la vida moderna, y propone en su libro (2005) muchas soluciones prácticas y creativas para cultivar una experiencia más gratificante de la naturaleza en nuestro entorno construido. La relación con la naturaleza es beneficiosa para el desarrollo saludable en los niños. El juego en la naturaleza, principalmente en la niñez, ayuda a desarrollar las

capacidades para la creatividad, resolución de problemas y el desarrollo emocional e intelectual.

El contacto con el mundo exterior es un elemento importante en el desarrollo de los niños. Como dice Piaget: “los niños aprenden y desarrollan su inteligencia en los primeros meses de vida a través de experiencias visuales y auditivas”. Así que no hay mejor manera de hacerlo que al aire libre.

Los paseos, los parques y las excursiones se han sustituido por los ordenadores, televisiones y tablets. Tenemos que volver a esos tiempos en los que los niños jugaban fuera, al aire libre, más que en sitios cerrados. Dejarles experimentar, saltar, correr, construir sus propias tiendas de campaña… y que mejor momento que ahora, en la playa, el campo o el monte, pasando mucho tiempo juntos y disfrutando de la creatividad, novedad y belleza que nos aporta el entorno natural.

Referencias bibliográficas:

Kellert , S.R. (2005). Building for life. Designing and understanding the human nature connection. Island press.

Louv, R. (2020). Los últimos niños en el bosque: salvemos a nuestro hijos del trastorno por déficit de naturaleza. Capitan Swing S.L.

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