Matar la cigüeña pronto

Por: Identitas

El amor de los padres entre sí es una de las mejores imágenes para educar la sexualidad de los hijos ya que, a los ocho o nueve años hay que adentrarse en el tema y “matar la cigüeña”. Si se adelanta un amigo del colegio o un vecino de la urbanización puede que lo aprenda de una manera no real y poco limpia. ¡Cuántos interrogantes, miedos, vergüenzas e inhibiciones tenemos para hablarles del maravilloso don de participar en la creación de un nuevo hijo, de la grandeza del amor humano y del sentido de ser hombre y mujer!

Existen miles de libros para explicar esta impresionante realidad, pero la mejor enciclopedia humana en este campo son las palabras y la delicadeza de un padre y una madre. Cada hijo es distinto, único, especial y se debe hablar y llegar a cada uno de una manera progresiva, según su edad, sus interrogantes, su madurez y sin quemar etapas. Lo esencial en este tema es no dejarles nunca ninguna pregunta sin responder y acertar en las preguntas que les hacemos para comprobar si lo captan bien y si entienden lo que se les ha contado.

Uno de los temas base es el interior de la madre. Esa “casa preparada” por dentro mediante las menstruaciones de cada mes que preparan el útero para el asentamiento de su bebé. Las niñas necesitan conocer lo que va a pasar en su cuerpo ya que muchas son mujeres a los nueve años. No es bueno que vivan este cambio en sus cuerpos de una forma traumática y misteriosa sino con la naturalidad de aprender a crecer.

Otro tema importante es el acto sexual. Aclararles qué se debe hacer para que el niño empiece a formarse en el interior de la madre. Sin misterios y sin secretos. De la misma manera que hay un aparato digestivo y un aparato circulatorio, existe un aparato reproductor que sirve para engendrar seres humanos. El cuerpo está muy bien hecho y existen órganos para cada una de las necesidades que podemos tener. Se les afirma que el padre introduce su órgano en el interior de la madre donde, al estar preparado con la menstruación, queda dispuesto para que comience a formarse y a crecer una nueva vida.

Será transmitido y tratado desde el punto de vista del amor, hablando con mucho cariño y en un ámbito familiar. Frases como “nos queríamos y nos casamos para tenerte a ti”, “nos prometimos darnos todo el amor, el esfuerzo, la lucha, nuestro cuerpo, todo, porque nos queremos mucho”. Les explicamos los besos y las caricias como señal de que entre los padres hay un amor muy

grande y cuyo resultado es él o ella. Es extraordinario que descubran que todos los niños tienen el derecho de nacer por el amor y la entrega de sus padres y que realizar el acto matrimonial, fuera del matrimonio, haría un daño a los hijos si no están juntos.

Los niños entienden perfectamente cuando es un acto pleno y lleno de amor en el seno de una familia y cuando no están utilizando su cuerpo, besos y caricias porque se amen de verdad o para que nazca un hijo. Esto es adelantarse y formar para el futuro. Si no peguntan, no se les habla de placer pero, si a los diez, once o doce años empiezan a preguntar, se les responde con claridad; como hay tanto amor, a los padres les gusta hacerlo y además, al igual que tenemos el sentido del gusto para comer porque si no comeríamos nunca, también hay un cierto “gusto en realizar el acto matrimonial.

Imprescindible es dar muy bien la información, ya que, si se da mal, se recibe mal. Dar siempre esas respuestas adecuadas en el momento preciso y de forma individual. Llenemos de contenido real las palabras y los ejemplos que usemos. Todo siempre dentro de un campo moral bueno, maravilloso, tanto en las palabras que decimos como en las expresiones que utilizamos. Dejarles siempre la puerta abierta para que nos pregunten las frases y palabras que pueden escuchar referidas a este tema y que no saben cómo interpretar “enrollarse, liarse, meterse mano, hacer el amor”.

Cuando las conversaciones están llenas de confianza y les dedicamos tiempo, les queda bien grabada la idea principal: el egoísmo no da la felicidad, no somos animales, sino personas. El motivo que a los padres les lleva a realizar el acto matrimonial siempre es el amor. Hay que hacer una gran labor de formación para que la educación sexual sea un tema de los padres. No es la profesora, ni el colegio, ni un video, ni alguien que ha venido de fuera quien debe explicarles el milagro más grande: su llegada al mundo, su respeto como persona y la transcendencia por la que está aquí y ha nacido.

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