Educar en la afectividad conyugal

Por: Juan Ramón García Morato

– La dedicatoria del libro y el prólogo hablan a un público objetivo muy amplio, oriental y occidental, creyente y ateo, joven y adulto. Pero hay comunidades humanas que conciben el amor de un modo radicalmente distinto a la visión del planeta, occidental al fin. ¿Realmente sólo hay un modo de expresar amor personal?

– Sin duda alguna que hay diferencias culturales reales. Pero quizá no sean tan radicalmente distintas de fondo. El amor es amor humano, no oriental u occidental. A primera vista, puede plantear problemas constatar las manifestaciones culturales distintas. Lo que dudo es que esas diferencias culturales, cuando son auténticas y respetuosas con las personas, no expresen lo mismo.

– Pero, ¿por qué valdría más su planteamiento del pudor que el de una tribu africana?

– En la línea que explicaba antes, lo que una tribu africana –u otros pueblos más primitivos en las regiones tropicales- manifiestan viviendo el pudor en la desnudez, no me parece que sea distinto de lo que una persona occidental manifiesta viviendo el pudor con el vestido. Aunque resulte paradójico a primera vista, no dejan de ser manifestaciones de un mismo fenómeno. Pero en el fondo se pretende intentar conservar para uno mismo unos valores que sólo son objeto de donación por libre y propia voluntad.

– O ¿por qué es mejor su concepción de un matrimonio heterosexual estable que el de un hombre que comparte su amor con un concubinato de mujeres si les funciona desde siglos el sistema?

– Antropológicamente, no veo que sea posible la donación plena, total y recíproca a una, excluye al resto si es verdadera y profundamente humana. Aunque sin duda, desde un punto de vista fáctico, puede funcionar…, hasta cierto punto, pero es imposible que se dé la misma plenitud de entrega.

– Al dialogar con otras culturas, usted no ha estado en esos países africanos, budistas y musulmanes. En esto tengo mucha suerte: desde la escuela hasta hoy siempre he estado en contacto con gente de todas las razas, de todas las culturas y religiones, al menos de las mayoritarias. Eso es una experiencia directa, no de libro. Es decir, he podido hablar pausadamente con personas muy diferentes de estos temas, y ver dónde podemos llegar en común, y donde tenemos que separarnos y seguir amigablemente cada cual su camino.

Compartir:

Compartir en facebook
Facebook
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en whatsapp
WhatsApp