La generación de cristal

By: Identitas

¿Por qué son tan frágiles?

Ana es muy buena estudiante y sus calificaciones en primero de Bachillerato son excelentes por lo que, muy previsiblemente, podrá estudiar con éxito la carrera que le gusta. Es una chica organizada y trabajadora, con tiempo para hacer deporte -le descansa jugar al tenis-. Practica danza clásica que es su verdadera pasión. Su carácter es extrovertido por lo que tiene un buen grupo de amigas de las de verdad, en las que confía y entre las cuáles se apoyan mucho. Sus padres están separados y vive de forma muy desahogada en un chalet con jardín, piscina y cancha de tierra batida, en una urbanización para gente con rentas altas.

A primeros de octubre acudió a mi despacho para ver si podía tener una entrevista de tutoría. Con la mascarilla no podía ver su cara al completo, pero tenía los ojos vidriosos. No tardó en echarse a llorar. Había vuelto a las andadas con la anorexia. Venía del cuarto de baño de provocarse el vómito una vez más. No sabía cómo volver a decírselo a su madre. Y le aterrorizaba pensar que su hermano iba a reaccionar de nuevo de forma agresiva, como cuando le espetó hace unos meses “ya estás otra vez con tus malditas ganas de matarte” al descubrirla devolviendo después de la comida. Sentía que estaba defraudando a todo el mundo. Y, aunque el sentido común le decía que era mentira, ella se veía espantosamente gorda y no era capaz de vencerse.

El virus de las sociedades hiper desarrolladas.

El problema de Ana no es excepcional. El número de patologías psiquiátricas -anorexia, bulimia, depresión, ansiedad severa, etc.- se ha desbocado en la última década entre los adolescentes y jóvenes españoles, alcanzando y superando los niveles propios de sociedades como la centroeuropea o la norteamericana, que sufren una verdadera pandemia de desequilibrio emocional en edades tempranas. Las tasas de suicidio infantil y juvenil, por mucho que los políticos se empeñen en silenciarlas, son terriblemente altas.

Las causas pueden ser tan variadas como cada persona, pero se han encontrado factores que facilitan la aparición de estas patologías entre los que se pueden destacar:

  • La comodidad del mundo occidental moderno. Los jóvenes están protegidos de cualquier tipo de agresión externa -frío, calor, sueño, hambre, cansancio, enfermedad, reprimendas, críticas, dificultades- por sus padres y profesores. De ese modo sus defensas naturales se anquilosan, su resistencia se debilita, y no son capaces de desarrollar mecanismos de autoprotección física y psicológica para defenderse de las dificultades.
  • La estructura familiar de hijo único. La falta de competencia entre los hermanos provoca que dejen de desarrollarse estrategias mentales de captación y aprovechamiento de recursos. En algún caso la superabundancia de alimentos, la falta de conversación con los padres, o la costumbre de vivir del capricho conducen al síndrome del niño dictador que se rige por la máxima del “hago lo que quiero, tengo todo lo que quiero, puedo todo lo que quiero: el mundo está a mis pies”. La mínima quiebra de estas condiciones de vida, o un cierto desvalimiento -real o ficticio- deja psicológicamente inválidas a esas criaturas.
  • La vida virtual en las amistades y el ocio. Los niños desde muy temprana edad están educados en la cultura del avatar. Se desenvuelven con demasiada frecuencia no como ellos mismos son sino como ellos desean ser. El retoque fotográfico, las identidades falsas, los filtros y la música les permiten diseñar una vida de felicidad ficticia que se derrumba como un castillo de naipes ante el más mínimo embate de la realidad.
  • La falta de conocimiento propio y la identidad de rebaño. Una imaginación desbordada e inmadura conduce a cada chico a la incomprensión de sus propias limitaciones, así como al desprecio y ridiculización de las incapacidades o defectos de los demás. Solo se acepta lo que dictamina el grupo
  • Una educación poco acertada por parte de los padres que vuelven a cometer el error de los abuelos y aceptan la máxima de dar a sus hijos todo aquello que ellos no pudieron tener. Y por parte de los gobernantes que convierten a los alumnos en sujetos con todos los derechos y casi ninguna obligación.
  • Una sociedad profiláctica que pretende justificar sus fracasos eliminando a los enfermos crónicos, a los bebés con la más mínima malformación, a los ancianos no productivos, etc. Una sociedad en la que los “limpios” tienen derecho a asesinar a los “parias” con la excusa de una piadosa eliminación del sufrimiento que trata de encubrir su radical egoísmo. Un género humano que ha convertido al hombre en un caballo de carreras al que se le dispara cuando se le rompe una pata.

Y en este escenario aparece un coronavirus oriental de origen incierto que en un abrir y cerrar de ojos siembra de muerte, confinamiento, incomodidad y sensación de impotencia al mundo entero. Un  panorama que hace añicos de un golpe certero a toda una generación de cristal.

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