El arte de comunicar: habla con ellos

“Proyecta en el presente, el futuro de tus hijos. Como quieras que sea tu hijo el día de mañana, así debes tratarlo y hablarle hoy” Juanjo Javaloyes

Juanjo Javaloyes hacía esta preciosa y profunda expresión. ¡Cuánto me ha servido en mi actividad de docente y orientadora de padres! Los hijos que llegan al mundo hacen un regalo impresionante: os hacen padres. Mientras que vosotros les donáis la vida, ellos os coronan con el título de padres. Sois su seguridad, de tal modo que todo lo esperan de vosotros.

Estamos a las puertas de las vacaciones de verano; momento de descanso y de una vida familiar más intensa. Gran momento de comunicación entre padres e hijos. No podemos olvidar que es en el ámbito familiar, el ámbito de amor garantizado, donde debemos enseñar a nuestros hijos a descubrirse a sí mismos y a descubrirse ante los demás. Es el hogar donde deben encontrar lo bueno y lo malo que hay en su corazón, donde viven el binomio dolor- amor, donde las ideas se enseñan porque se viven a su alrededor. Grabamos en su conducta, en su voluntad, lo que vamos viviendo con ellos, no como amigos, sino como padres. ¡Qué importante es que no sean hijos huérfanos de padres vivos! Ellos son testigos-presenciales de nuestra vida y ahí, aprenden.

Comunicar es el arte de trasmitir algo propio en un fondo ajeno, en los hijos.  Comunicarse con los hijos reclama tiempo, renunciar a proyectos personales, disponibilidad de “taxi libre”, prestarles atención y escucha en un ambiente de confianza, sin tensiones… es decir, la comunicación exige dedicación. Todo ser humano necesita hablar, encontrar un corazón abierto a la escucha; las conversaciones con los hijos mejoran y ayudan a su desarrollo afectivo, social y emocional. Comunicar y vivir en la verdad,  es decir, lo que decimos y  queremos, eso hacemos; y sabemos pedir perdón si les fallamos y no nos quemamos en lo que no es importante.

La conquista de su confianza se realiza en estas edades de oro; desde los 8 – 9 años  a los 11 – 12 años. Confianza que se alcanza de manera gradual cuando ven interés por sus cosas; abrirán su interior si comprueban que son atendidos y escuchados personalmente. Ellos perciben con una gran sensibilidad cuando sus cosas, sus amigos, su colegio, sus actividades, sus éxitos y fracasos son algo que existe y que también es compartido por sus padres. Necesitan su tiempo, su espacio y su momento distinguiendo los momentos de hablar de los momentos de corregir, discutir, enfadarse, dar consejos o mandar. Por eso, necesitamos elegir bien esos instantes con tiempo, agenda, momento concreto, motivo y lugar. Las vacaciones reúnen todas las circunstancias a favor para crecer en intimidad y confianza con los hijos y que se lancen a hablar con espontaneidad y en una relación sana y afectiva.

En la comunicación con los hijos de estas edades, no podemos desatender la comunicación no verbal; los gestos, las miradas, las sonrisas, las  caricias, los silencios, el ejemplo… sabemos que “el corazón tiene razones que no entiende la razón”. Los niños crecen en confianza cuando se sienten y se saben queridos y atendidos. Los detalles de cariño siempre son bien acogidos en el acercamiento a otra persona, y hay que saber utilizarlos. La cara, el tono de voz, la actitud, y el mirar a los ojos, esa mirada atenta en los hijos cuando hablan les ayuda a seguir abriendo su corazón.

Al convivir con más cercanía en las vacaciones, se darán momentos de fracaso y de dolor. Son momentos llenos de  grandes oportunidades para hablar con los hijos que no podemos dejar pasar. Son las situaciones difíciles, con problemas familiares,  estupendos momentos para entrar en ellos. Utilizando esas  preguntas abiertas para conocer lo que sienten y lo que piensan, dejándolos que busquen sus propias soluciones; esos instantes no se pueden dejar pasar.

La felicidad es una consecuencia de nuestra  forma de pensar y de vivir. Conocer el bien y tener la voluntad de hacerlo, nos hace buenos y virtuosos. Es una maravillosa labor de padres que los hijos no cambien el concepto de felicidad por sucedáneos; formando sus ideas, haciendo que quieran y amen el bien, así les damos la fuerza y la seguridad de la coherencia de vida. Vale la pena el tiempo que dedicamos a hablar con los hijos; que no dejemos pasar este tiempo de descanso, porque en educación, ese tiempo es oro.

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